TESTIMONIO

François Xavier Plaçais

Durante la primera prueba no noté nada, fue cuando llegue al paso de la cima de la montaña cuando me di cuenta de que no había cambiado la posición de las manos durante toda la ascensión. Y sobre todo, no tenía los dedos entumecidos, lo que generalmente me molesta durante las primeras frenadas del descenso. Esta comodidad anatómica conlleva una reducción de la fatiga nerviosa y una mayor lucidez en los caminos técnicos.

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